miércoles, 3 de febrero de 2010

¿Quién educa más la familia, la escuela o la sociedad?

En algún momento se pensó que para ejercer la docencia era indispensable una gran acumulación de conceptos y eso garantizaría una buena enseñanza. En este siglo veintiuno el paradigma parece haber cambiado y los conceptos ya no son lo primordial, sino que lo más importante es poder motivar a los alumnos a construir sus propios conocimientos. En lo personal comparto esta forma de pensar pero creo que si no es acompañado por una vocación de servicio, de ponerse en lugar del otro para entenderlo desde el amor, ningún aprendizaje llegará a buen término. La familia tiene aquí un lugar insustituible educar en el amor significa preservar valores solidarios que permitan la construcción de acciones positivas en cualquier tiempo y lugar. Podemos considerar también: ¿qué espacio debe ocupar la sociedad toda, en la educación de los niños que representan el futuro?. Resulta interesante pensar ¿qué ejemplos damos a diario a nuestros jóvenes y qué autoridad moral tenemos los adultos para criticarlos?. Un docente solo podrá realizar su trabajo de una manera digna cuando el entorno se encuentre en la misma sintonía de la escuela, de no ser así el esfuerzo será en vano, toda construcción requiere de cimientos sólidos, y la educación requiere más que nada de una base firme.